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ÍNDICE DE CAPÍTULOS

Capítulo 3. Proceso educativo de las capacidades perceptivas y discriminativas

Desarrollo de capacidades

Habilidad manual

MATERIAL Y ACTIVIDADES

En la actualidad disponemos de abundante y variado material que se usa habitualmente en las escuelas infantiles y que debemos tener a mano. Cada material facilita una destreza determinada. Como el niño con síndrome de Down tiene necesidades en diferentes aspectos, conviene disponer de todo lo necesario para no dejar de lado ni uno solo de los objetivos a conseguir. La plastilina, las construcciones tipo lego, los punzones, la pintura de dedos, toda clase de pinceles y lápices de colores, las tizas, los rotuladores, las bolas, los cubos y tapones de enroscar, las tijeras, muñecos yobjetos de armar y desarmar, permiten programar actividades variadísimas y divertidas que favorecen la destreza manual del niño así como una correcta coordinación visuomanual cada vez más precisa y eficaz. Para ejecutar estas tareas manipulativas hay que seleccionar cuidadosamente qué debe trabajar un niño en un momento dado y con qué material.

Fig. 3.2

El uso del lápiz y papel supone un incremento notable de dificultades por la necesidad de sostener el lápiz, moverlo sobre el papel con suficiente presión para que marque, pero no con tanta fuerza que implique rigidez de la muñeca o del brazo. Al mismo tiempo, la otra mano debe sujetar el papel para que no se desplace y los ojos deben moverse en la trayectoria de los trazados, a la misma velocidad que exige el movimiento de la mano. En el capítulo de preescritura se detallan actividades concretas y materiales que son útiles en esta etapa y, por tanto, no es preciso detenernos más en este aspecto.

La integración en la escuela infantil ordinaria puede plantear algún problema por el desfase que existe entre el niño con síndrome de Down y sus compañeros, en actividades como el recortado con tijeras y la elaboración de objetos concretos con plastilina, arcilla y otros. Por tanto, una vez más necesitará su propio programa individual que le haga progresar a su ritmo, evitando que el profesor o un compañero hagan o completen la tarea en su lugar, porque quieren que haga lo mismo que los demás. Es un engaño que no le sirve de ayuda para progresar.

Podemos afirmar que la escritura de un niño con síndrome de Down puede no ser suficientemente clara, legible y más o menos proporcionada hasta que tenga 9 años de edad cronológica, lo que supone una gran diferencia frente a sus compañeros sin síndrome de Down. Esto ha supuesto que muchos educadores de niños más pequeños han desistido antes de tiempo por los pobres resultados que obtenían. Nuestra experiencia es que el ejercicio diario, sin cansar ni psicológica ni físicamente al niño, que haría que su letra fuese cada vez peor, se consigue mejorar la caligrafía, pudiendo leerse con facilidad los textos manuscritos de las personas con síndrome de Down. De nuevo habrá que ser cuidadosos en el tipo de tareas que se presentan al alumno y el momento en que debe realizarlas.

Se evitará que el alumno realice ejercicios de preescritura demasiado infantiles o muy aburridos, precisamente en el momento en el que sus compañeros que están en la misma clase están escribiendo con soltura una redacción o un dictado. Será más adecuado trabajar la caligrafía individualmente, a solas, o en su casa.

Mientras tanto, se simultaneará el trabajo de escritura con teclado, que le hará sentirse más cerca de lo que realizan sus compañeros. Recomendamos usar tanto el teclado de máquinas de escribir convencionales, porque les obligará a pulsar con un golpe fuerte y seco, como los teclados eléctricos o de ordenador (computadora), los cuales, al no necesitar fuerza, obligan a ser cuidadosos en la pulsación de teclas por lo fácilmente que se mueven. Ambos teclados se complementan en relación con el objetivo de conseguir una mejor habilidad manual. Este trabajo sirve para que aprenda las letras de imprenta, las mayúsculas y su orden en los teclados. Cuando pueda escribir textos largos, ya tendrá adquirida cierta agilidad en el aspecto mecánico.

No tenemos evidencia de la influencia directa de los ejercicios de psicomotricidad realizados con todo el cuerpo sobre la escritura y su legibilidad. Más bien parece que facilita al niño o alumno un control, un dominio, un equilibrio de grandes movimientos y, en cierto modo, también una madurez global más que una mejoría de la letra. A nivel neurofisiológico están implicados diferentes sistemas; sin embargo, sí son convenientes y eficaces todos los ejercicios de tensión-relajación, flexión-extensión, de los distintos segmentos del brazo, y movimiento de las articulaciones: hombro-codo, muñeca y dedos, que se realizan con materiales tan variados y diversos como los saquitos de arena o los pinceles. Muchos ejercicios enfocados directamente a mejorar la habilidad manual influirán decisivamente en la desenvoltura para escribir mejor.

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